Reflexión: Permiso para ser hueca

*Este post es una volá mía y no representa necesariamente la opinión de  Beauty Friends Forever. Me encanta poner esta advertencia hueona /o/


 

Lo que les voy a comentar es kindda personal, pero de alguna forma estoy segura de que mi experiencia no es única y que alguien más pensará “uy, me pasa/pasó lo mismo”.

Cuando era chica el mundo era perfecto: me encantaba leer y dibujar, usar tanto jardineras de hombre (true story: una tenía una apertura con velcro para sacar el pilín y hacer pipí…) como ropa con vuelitos de muñeca. Le sacaba esmaltes de uñas a mi mamá y cuando me aburría iba a jugar con mis dinosaurios de plástico. Decía que cuando grande iba a ser veterinaria y cantante y escritora. Pensaba que era la más inteligente, linda y simpática del mundo y (salvo una cierta torpeza natural y el hecho de ser un imán de pelotas que me impedían disfrutar de los deportes) sentía que todo lo podía disfrutar.

Entonces llegó la pubertad.

Ustedes saben, cariños, que la pubertad es una bitch.

De pronto me di cuenta de que parece que las amigas más blancas que yo, más rubias, que bailaban mejor o tenían los ojos verdes eran más bonitas. No tenía cómo competir contra eso -aunque intenté alguna vez bailar Britney. Fracasé-, así que sin querer queriendo decidí que si no podía destacar en ese ámbito, iba a ser la más inteligente, la más artística, la más genio incomprendido.

Por algún motivo, mi mente adolescente encontró que era obvio y natural separar ambas cosas. Que, como dijo alguna vez The Beheld, no era justo que alguien fuera a la vez linda e inteligente, había que estar en uno u otro bando, porque, ¿cómo iba a funcionar el universo si no? O sea, en mi mundo gótico-snob adolescente también valorábamos la belleza, claro, pero como una especie de bendición sobrenatural, y eso de comprarse corsés y pintarse los labios morados nada tenía que ver con los gloss y los jeans de los que se preocupaban “las huecas”.

beautyvsbrains

¿Quién nos hizo creer que eran los dos bandos de una guerra? Fuente.

Oh, los jeans. Fueron como 4 años en los que no tuve ni un solo par de jeans. 4 años durante los que me veté a mí misma demostrar algún interés por las cosas universalmente consideradas típicas de una niña de mi edad. Bailar, ir al mall, el color rosado y los jeans fueron algunas de esas cosas vetadas durante ese tiempo. Fue recién a mitad de la universidad que se me ocurrió -gracias a mis amigas, no motu propio- pensar en, quizás, comprar algo de ropa que se me viera bien sin importar si estaba o no de moda. Maquillarme -y con sombra rosada, encima, ¡sacrilegio!- sin preocuparme de que la gente fuera a pensar que era tonta. O, peor, que pensaran que me creía bonita -obvio que solo las lindas se arreglan- cuando no lo era. Recién alrededor de los veinte me atreví a considerar que, tal vez, no era un ser bidimensional y que usar otro color aparte de negro para pintarme las uñas no me bajaba puntos de CI.

Han pasado hartos años desde que me di permiso para ser hueca y descubrí que mi riqueza interior, si queremos decirle así, no desaparecía con eso. Y ahora, mirando hacia atrás, no puedo dejar de pensar que esa Cami que se rehusaba a tocar algo rosado como si fuera una enfermedad infecciosa era tan insegura y preocupada de la opinión ajena como juzgaba a las chiquillas más popu a su alrededor. Al final, solo cuando dejé de atormentarme con que “van a pensar que soy tonta, que soy hueca, que soy superficial, que me creo mina” pude empezar a estar contenta conmigo misma. No sé cómo, siendo una persona razonablemente clever, me demoré tanto en caer en la obviedad de que, si alguien juzga la valía de una persona por la ropa que usa o la cantidad de productos que se pone en la cara, es su opinión la única superficial y de poquito valor.

Por cierto -y aunque no tiene que ver directamente con el tema-, hace unas semanas me sorprendí a mí misma diciéndole a marido “Cada vez valoro menos -porque antes lo valoraba demasiado- la inteligencia, la cultura, el conocimiento. Son muy importantes, sí, pero más todavía la moral. La inteligencia debería ser un camino para llegar a la bondad, no un fin en sí misma”. Todavía me acuerdo de  que en plenos teen, cuando con una amiga jugábamos a elegir si preferíamos ser buenas, inteligentes o lindas, siempre dudábamos entre las los últimas y al final elegíamos el cerebro. ¿Hoy? Espero algún día elegir la primera sin dudarlo.

 

Beauty Civil War: ¿Team Skincare o Team Makeup?

 

Normalmente, las amantes de la belleza somos todas amiguibuenaondi. Al fin y al cabo, tenemos un gusto en común y, con reviews, tutoriales, comentarios, etc. nos ayudamos mutuamente. Pero incluso en el mundo de la belleza hay diferencias, porque más de alguna apenas se echa crema pero tiene siempre las uñas con un nailart digno de estar en un museo, mientras que otra es capaz de hacerse un cat eye hasta dormida o hacerte una lista de las concentraciones de ingredientes activos de un serum con solo mirarlo (Y estoy dejando fuera a las obsesionadas con el pelo. El pelo es un mundo en sí mismo también).

Si estuviéramos en la Guerra Fría, los dos grandes bloques de la política facial son el del maquillaje y el del cuidado facial. El maquillaje es, lo he dicho alguna vez, casi un arte (a los maquilladores les dicen makeup artist for a reason, cachai) y lo admiro porque puedes hacer magia con él. Puedes usarlo de una manera utilitaria para esconder eso que no te gusta de ti o cualquier pequeño accidente, desde un brote de acné hasta una quemadura-por-plancha-de-pelo (a mí nunca me ha pasado). Puedes jugar a transformarte en otra persona, de la popera del momento a un personaje de anime, desde Barbie hasta un zombie. Puedes preguntarte cómo es que la misma sombra a ti te queda “meh” mientras que la chiquilla de IG  la que amasodias en secreto las funde de una manera que te dan ganas de hacer copy-paste y tapizar tu casa con su maquillaje… por suerte, también puedes perfeccionar tu técnica. Te puedes sentir artesana y también estudiar mateamente teoría del color para jugar con los correctores, las luces y las sombras. Y, por supuesto, puedes ser quien quieras gracias a él: con un par de elecciones puedes salir de tu casa como una confiable profesional, una diva reina del carrete o una insolente anarquista.

Pero aunque el maquillaje es maravilloso, yo me he dado cuenta de que el mío es el team skincare. Porque aunque soy mega humanista, el bichito científico me ha picado siempre y disfruto experimentando -aunque sea en mi propia piel- y aprendiendo cosas mega ñoñas sobre compuestos químicos, pH, etc. Y es que pucha que es satisfactorio ver cómo, conociendo tu propia piel, puedes irla ayudando a llegar a la mejor versión de sí misma. Muchos de esos problemas que a veces tratamos de tapar con maquillaje se pueden eliminar o disminuir un montón usando los productos adecuados. Incluso puedes revertir el daño si hubo un tiempo en que te lavabas con jabón Popeye o no usabas bloqueador (¡usen bloqueador!). Más allá de lo físico, tener una rutina de cuidados, un tiempo dedicado solo a preocuparte por tu piel y hacerte cariñito (literal y metafóricamente) es súper bueno para el amor propio. Con cada pat-pat que te haces en la cara para que se absorba el serum dan ganas de decir como en los famosos comerciales “porque yo lo valgo”.

 

Y ustedes, chiquilinas (?), ¿de qué equipo son?

Chao, H&M. Adiós, L’Oreal

¡Holi a todas/os!

No sé si alguna vez lo he dicho aquí -se lo he comentado de pasada a más de alguien en su propio blog-, pero hay marcas de maquillaje que, aunque me gustan, ya no compro. No es tan raro, ni siquiera entre beauty bloggers; hay más de alguna que ha renunciado a sus productos amados por testear en animales o tener ingredientes de origen animal. Si les interesa, otro día les comento mi personalísima política respecto a ingredientes que acepto o no, pero esa no es la razón por la que renuncié a comprar L’Oreal, Maybelline, Nivea y otros. Mi problema con esas marcas es que tengo la duda de que sean libres de crueldad… humana.

Si les gusta la moda, los documentales o ambos, seguramente han escuchado de The true cost o quizás lo hayan visto (está en Netflix y no, Netflix no me paga por publicidad 😛 Solo se los menciono siempre porque tal vez haya más gente floja como yo que tiene un 95% más de probabilidades de ver algo si lo puede encontrar ahí). Si no les suena, les cuento que es un documental que, a partir de las tragedias en fábricas textiles que hubo en 2013 -como el derrumbe de Rana Plaza en Bangladesh, donde murieron alrededor de mil personas-, cuestiona “el verdadero costo” de la moda rápida. Les recomiendo mil verlo, hace pensar en mil cosas desde Monsanto hasta el capitalismo y lo que es la verdadera felicidad, pero en este caso lo menciono porque saca a colación el tema del trabajo en condiciones cercanas a la esclavitud. Es para llorar.

Hace 6 meses baneé H&M, Forever 21, Zara y otras marcas de mi shopping futuro (y créanme, duele cada vez que me encanta algo y me dicen “uy, me costó 1 peso en Forever21, hay en todos los colores del mundo y huele a rosas”). Unos días después pillé una lista de marcas denunciadas por trabajo en condiciones de esclavitud, pero de la industria cosmética, donde se incluían las que les nombré al principio. Y, créanme, yo le amo a L’Oreal. Todavía uso la ropa y los produStos de esas marcas que tenía para el momento en que tomé esta decisión, pero, además de buscar alternativas para cuando se me acaben, no los reseño para no darles publicidad. No sé, chiquillos, es un tema complicado, ¿o le pongo mucho color?

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Quién sabe si es cierto. Quiero creer que sí…

Sé que mi decisión personal no va a cambiar nada y, sin embargo, no pretendo armar una revolución. No escribo esto para decirles “no compren más X marca”, porque 1) qué patudez, a mí nadie me dice qué hacer y yo tampoco a los demás, 2) tendría que ser una cuestión extremadamente masiva, y con comunicación directa con la marca explicando las razones, para que sirviera de algo y 3) no estoy segura de quién es “el enemigo”. Yo me he alejado de ciertas marcas denunciadas que, tal vez, hayan ganado su juicio y probado que no usan mano de obra esclava. No sé y parte de mí no quiere saber si las marcas que sí compro trabajan éticamente o no. Además es un tema del que difícilmente se puede huir: ¿hay ropa deportiva que no use trabajo esclavo? ¿tecnología? Solo sé que si me dicen “oye, ese gallo ha sido denunciado varias veces por abusos sexuales” no voy a hacer una campaña ensuciando su nombre ni a tirarle huevos a la casa, pero tampoco voy a querer ser su amiga, por mucho que pueda ser inocente, por mucho que tal vez este otro que tan bien me cae pueda ser un violador sin que yo lo sepa. ¿Me cachan?

Uf, ya sé, este es un post muy personal, un poco contradictorio y francamente desordenado. Ni siquiera -aunque he querido escribirlo desde hace un tiempo- estoy segura de cuál es mi objetivo con él. Supongo que, ahora que llevo 6 meses sin comprar de mis marcas (auto)prohibidas y que además todo el mundo anda buscando regalos de navidad, me pareció un buen momento para sacar el tema y ver si podemos, no sé, reflexionar un poco. Si me ayudan a hacer preguntas o a tirar respuestas tentativas. Y si les puedo pedir algo o dar un consejo sería que se unieran a la movida que he visto últimamente en Facebook –hay una página que armó la bakanosa Carolaila, pero muchos otros mensajes parecidos me aparecen en el inicio- de comprar a pequeños comerciantes, productos locales, artesanales, etc. Es otra forma de pensar en belleza cruelty free, ¿o es muy tonto lo que estoy diciendo?

Las y los leo 🙂

Los caballeros las prefieren sin maquillaje

¡Holo!

Se dieron cuenta, ¿cierto? Hoy no les tengo una reseña: en realidad quiero compartir con ustedes una idea que me molesta a veces. Es que creo que los hombres (al menos los heterosexuales) viven engañados. Yo sé que las generalizaciones son un arma de doble filo y que mil personas pueden salir diciendo “yo no digo eso”, “yo jamás lo he escuchado”, pero creo que estamos ante un asunto generalizado aunque no TODOS opinen lo mismo. Me refiero al nunca bien ponderado “a mí me gustan las mujeres sin maquillaje”.

A ver, no tengo nada en contra de la preferencia en sí. A mí no me encantan los hombres mega musculosos o con pelo largo y eso no me convierte en una persona horrible, son solo gustos. El asunto es que creo que muchos de nuestros amigos/pololos/hermanos/maridos están opinando desde el desconocimiento y entrando sin querer en un juego medio tricky.

Está claro que la industria cosmética gana plata gracias a nuestra inseguridad. Si nos convencen de que necesitamos cremas y maquillaje para ser lindas, jóvenes, socialmente aceptadas, de que sin estos productos no valemos nada, entonces ellos ganan. Eso lo entiende cualquier persona adulta y, siendo conscientes de este hecho, tomamos la decisión de usar o no maquillaje por las razones que mejor nos parezcan. Entonces llega nuestro hombre hipotético, llamémoslo Juancho, que opina que las mujeres se ven más lindas sin maquillaje. Juancho es un gallo de buenos sentimientos que probablemente nos lo dice con la idea de hacernos sentir bien e incluso tal vez con un un trasfondo revolucionario: dile no a la industria de la cosmética. Eres mejor si le dices que no. Pero, querido Juancho, resulta que nuestras decisiones no son necesariamente porque Maybelline nos lavó el cerebro y nos hizo sentir feas (aunque quizás sí): alguna se maquilla porque le gusta reflejar su ánimo del día, otra para resaltar X rasgo que le encanta de su cara, alguna para ser la más linda de su grupo de amigas, otra para moverle las hormonas a su pinche, una más porque le divierte hacer una mini obra de arte en su propia cara, etc., etc. Las razones son muchas y el gustarte o parecerte más linda puede ser o no una de ellas según la mujer en cuestión, pero no es ni la única ni la más importante.

Con toda la buena onda del mundo, la relación que tenemos como mujeres con el mundo de la belleza es asunto nuestro. Mientras no afecte nuestra vida de pareja, las finanzas familiares o algo así, no veo por qué ciertos hombres se tienen que poner a opinar al respecto ni, mucho menos, por qué algunos suponen que deberíamos hacerles caso más allá de escuchar con cortesía. Supongo que soy amiga de no decirle a la gente lo que tiene que hacer, especialmente si es algo que no tiene nada que ver contigo: volviendo a mis gustos personales, jamás le insinué a algún andante, amigo (porque esto del “te verías mejor sin maquillar” no se limita a parejas reales o potenciales) ni a nadie que sería mejor que hiciera menos pesas porque los músculos de culturista no son lo mío.

En todo caso lo que más me llama la atención -y lo que originalmente me llevó a escribir este post- es que encuentro que tantos hombres dicen que les gustan las mujeres sin maquillaje, pero resulta que eso no parece para nada reflejarse en la realidad. De verdad que me ha pasado en la U o en alguna pega que me preguntaran si estaba enferma o qué onda solo por un día no maquillarme o hacerlo menos. Aunque es cierto que también me lo ha comentado alguna mujer, han sido principalmente chiquillos: tengo una teoría al respecto.

True story. Fuente.

Me imagino que tiene que ver con el desconocimiento de opinar de un mundo con el que no suelen tener relación directa. Tal vez se imaginan que las chiquillas sin maquillaje realmente tenemos la piel lisa y luminosa, las pestañas crespas, los labios rosaditos y las cejas parejas. ¿Cómo los voy a culpar? Si hasta los medios mismos publican muchas veces estas fotos diciendo “Mira lo bien que se ve X famosa sin maquillaje” y cuando las veo me quiero sacar a tirones la piel porque le veo perfectamente la base, la máscara de pestañas o el “Valencia” de IG (EJEM Kylie Jenner cof-cof). De alguna manera parece que el maquillaje es algo malo y que debe ser nuestro objetivo no usarlo; si nos maquillamos es que somos feas, no tenemos esa belleza natural o algo por el estilo (como si fuera tan importante).

Lorde summed up the #struggle of having acne as a teen, with this amazing pic that she captioned,

Esta es una cara sin maquillaje (y con tratamiento para el acné). Linda la cabra 🙂

Por eso te quiero contar, Juancho querido, que esa chicoca que tú encuentras tan naturalmente bonita “sin pintarse” posiblemente pasó media hora frente al espejo del baño (y antes de eso era tan bonita como después, pero diferente). Lo llaman no-makeup makeup y es justamente una tendencia en cuanto a maquillaje que busca lograr un look natural, como de cara lavada, claro que una cara sin granos ni rojeces no pestañas caídas.

“Querido Juancho: la dura que no desperté así. ” Fuente.

Originalmente creí que me molestaba el tema porque me parece un poco ofensivo o, al menos, mal educado que le digan eso a una persona como yo – alguien que suele presentarse evidentemente maquillada en situaciones sociales. Onda, no sé, yo no le ando diciendo a la gente con anteojos que encuentro que se ven mal y que es mucho mejor que usen lentes de contacto, porque no es asunto mío y porque conozco la etiqueta más rudimentaria. Sin embargo, me di cuenta de que además de una cuestión personal me da lata porque es algo social: criticamos -no solo los hombres, ojo, aunque en este caso particular sí lo noto más de su parte y por eso los hice protagonizar este post- a las mujeres porque sí y porque no. Si no se maquilla es descuidada, si lo hace es hueca y artificial. Como no hay por donde complacer a los demás, creo que es mejor buscar complacernos solo a nosotras mismas, ya sea a cara lavada, maquilladas como la Barbie humana (#okno… ya, bueno, no es mi vida 😛 ) o con un look trabajado para parecer natural.

Me despido con un último mensaje para nuestro amigo Juancho: Darling, estás en todo tu derecho a que te guste más una cosa u otra en una mujer, y la libertad de expresión avala que manifiestes tu opinión si sale el tema a colación. Pero, por fa, no te sientas mejor persona por eso. No estás dando pruebas de ser un ser humano más elevado, solo manifestando inclinaciones tan superficiales como las de tu amigo que las prefiere rubias 😉

¿Y si soy fea?

*Este post es una volá mía y no representa necesariamente la opinión de la Laura, porque no le he preguntado todavía Beauty Friends Forever.

Holiwi, muchachada.

Tengo que admitir que dudé antes de ponerme a escribir este post. Aunque cuando lanzamos el blog ya lo tenía en mente, como que quería tener una base un poco segura, haber escrito unos cuantos más nice, para finalmente escupirlo. Tal vez sea un poco políticamente incorrecto y haya a quien le parezca absurda la reflexión en un blog con la temática del nuestro, pero yo siento que tiene sentido. Déjenme que les cuente.

Una de las cosas que más me gusta es conversar con F (casi-marido) de temas varios e irnos en volá. Resulta que ambos somos un poco vanidosos y tenemos nuestras inseguridades (como la mayor  parte de la gente, me imagino) y a veces uno o a veces el otro salimos con quejas tipo “estoy gorda”, “estoy pelado”, “me veo pésimo”, “mi pelo está horrible”, etc. Como se imaginarán, lo que viene después son frases tranquilizadoras ya sea de parte del otro o de nuestro propio lado más compasivo: “estás súper rica/o”, “a mí me encanta como te ves”, “en realidad no estoy tan pelado”, “igual no soy feo/a”.

No sé qué opinan ustedes, pero cuando me paro a analizarlo, encuentro que es una dinámica bien fome que solo alimenta las inseguridades y no nos ayuda en nada. Pero la otra vez nos detuvimos a analizar más este último punto: me atrevo a decir que F y yo somos gente físicamente corriente, que no destaca por ninguna característica fuera de lo común, lo que al final del día permite que acallemos esas dudas (impuestas por la sociedad y por nosotros mismos) con la convicción de que no somos feos. Pero, ¿y si no fuera así?

Ya el definir qué es ser guapo y qué es ser feo es complicado: hay desde explicaciones biologistas (rasgos simétricos son percibidos como signo de buena salud y por eso nos parecen atractivos, mujeres de caderas anchas tienen más probabilidad de tener hijos con facilidad, etc.) a socio-culturales (en X cultura se valora la piel blanca porque representa una vida lejos del trabajo esforzado del campo, ser flaco/gordo es atractivo históricamente según qué es lo más difícil de obtener, etc.) y meramente personales (aunque no sé qué tanto podamos decir que nuestros gustos son “nuestros”, pero eso es tema para otra discusión). Aunque no nos solemos poner de acuerdo al respecto, para este humilde análisis mi co-protagonista y yo aceptamos que ser guapo es cumplir con los estándares de peso, altura, composición muscular, colores y rasgos que nos muestran actualmente los medios. Cánones que para mi gusto son profundamente racistas y clasistas. Si los aceptamos como lo que significa realmente ser guapo en la sociedad actual, casi-marido y yo nos preguntamos: ¿es tan terrible no calzar con ellos? ¿Acaso los feos -según nuestra definición anterior- son menos personas, no merecen ser felices o pertenecen de alguna manera a una segunda categoría?

Fuente. “Los ideales corporales y de belleza cambian… y son moldeados por muchas fuerzas, tanto culturales como políticas… libérate”.

Supongo que hace rato que tenía este cuestionamiento por ahí dando vueltas y por eso nunca terminaron de convencerme, o de alguna forma encontraba cojas, las campañas que apuntan a decirnos “todas las mujeres son lindas”. No creo que todas las mujeres seamos buenas oradoras o bailemos bien o tengamos facilidad para las matemáticas o los idiomas, y eso no es terrible. Creo que, en lugar de repartir por el mundo el mensaje de que todos somos hermosos -que considero que es verdad, salvo casos onda Hitler, si hablamos en el sentido de ser una linda persona-, deberíamos volver a poner en su lugar el tema de la apariencia física: es solo una característica más, y del grupo de las más superficiales. Opino que cumplir con los cánones establecidos o no para nada define nuestro valor como seres humanos: Cara Delevigne no es mejor ni peor que yo por ser guapísima, así como yo no soy mejor ni peor que nadie por tener mala memoria visual. Son cosas que en realidad no deberían importarnos. Claro que está bien -y yo soy la primera en defenderlo- que cada uno ame su cuerpo y tenga confianza en sí mismo, que se arregle si quiere, que sea atractivo ya sea por su físico, actitud, personalidad o cualquier combinación de estas características que exista, pero adjudicarnos la etiqueta de “linda”, “mino” no tienen por qué ser nuestro objetivo sí o sí: nadie hace campañas “todas las mujeres son altas”, porque ni es cierto ni es deseable ni importa una raja que muchas midamos 1.60 o menos. No debería dolernos tanto que alguien nos diga o haga sentir (aunque ese alguien seamos nosotros mismos) que somos feos, demasiado gordos/flacos, demasiado altos/bajos, demasiado planas/pechugonas, etc. Que nos descubramos mentirosos, poco empáticos, egoístas, crueles, esas cosas que no nos muestra el espejo deberían ser las que nos cuestionáramos cada día.

Con respecto al candente tema Pablo Courard -quien obviamente entiende la belleza según los estándares que ya mencioné más arriba-, no creo que haya tanta cosa a la que aspirar. Yo con este tema de la cosmética aspiro a pasarlo bien cambiando de look y a cuidar mi piel así como cuido mi cuerpo haciendo deporte y comiendo relativamente sano, no a ser 1 de 10 para este señor.

Sorry por el post denso; en el próximo volveremos a nuestra progamación habitual 😛 De todas maneras, si les interesa me encantaría leer sus comentarios: ¿han pensado qué pasaría si fueran feas?